Federacion Argentina de Tenis de Mesa

Federación Argentina de Tenis de Mesa



El tenis de mesa como generador de un cambio social positivo

08 de Noviembre de 2017 930

Entrevista a Leandro Olvech, director de Desarrollo de la ITTF.

De Alemania a Buenos Aires para recorrer Vicente López, José C. Paz, Florencio Varela y González Catán, entre otras localidades del conurbano bonaerense, además de Oberá, en Misiones, y la Ciudad Autónoma; un viaje relámpago a Santiago de Chile y nuevamente a Buenos Aires.
“Viajando permanentemente”. Así se resume el trajín de Leandro Olvech, argentino y actual director de Desarrollo de la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF).  
“Estoy cuatro meses del año viajando, un tercio del tiempo en el exterior. Pero cuando estoy en la oficina, estoy en mi casa, así que ando más tranquilo. Hago base en Alemania porque ahí vivo”, cuenta Olvech, quien a principios de octubre recorrió las sedes aprobadas por la ITTF como escuelas de iniciación al tenis de mesa: Oberá, Asociación Japonesa Sarmiento, en José C. Paz, y Asociación Japonesa Florencio Varela; la Escuela 2 de Vicente López y una sede de González Catán.
“No son solamente una escuela de iniciación; no queremos que solo aprendan a jugar tenis de mesa: queremos que se transmitan ciertos valores, que haya una educación”.
-¿Cómo sería la denominación de esos lugares?
-Sede del proyecto Puente Olímpico.
Teniendo en cuenta la realización de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 y los Juegos Olímpicos Tokio 2020, se ideó el proyecto “Puente Olímpico”, una cooperación entre las dos ciudades, pero, sobre todo, una forma de dejar “un legado” más allá de lo deportivo.
“Tenemos un programa con un listado de 20 valores y de formas de trabajar, con juegos que pueden tener que ver o no con el tenis de mesa -comenta el Director-. También recomendamos libros con dinámicas de grupo, y aconsejamos que hagan alianzas con ONG´s. Un ejemplo: hace como 10 años, en los Balcanes, en Bosnia, los pibes se la pasaban “callejeando” y pisaban bombas; había muchos chicos amputados. Se armó una escuela de tenis de mesa y, junto a una ONG, se les explicó cómo evitar las minas, en qué zonas estaban, qué hacer. Así, a través del tenis de mesa ayudás.
-¿Cómo surgió el proyecto?
-En el 2015 me reuní con el comité organizador de los Juegos Olímpicos de la Juventud (la competencia de tenis de mesa) en ese momento estaba planeada para hacerse en Lugano, cerca de la villa olímpica, aunque después cambió). Hablamos de cómo hacer para dejar un legado, cómo hacer para que se llene el estadio de pibes y, sobretodo, que vean tenis de mesa. En ese momento estaba planeado que los chicos estén en la villa y puedan ir caminando a entrenar, pero el temor que tenían era la inseguridad. La solución fue crear empatía entre el tenis de mesa y el barrio, y que esa misma gente fuese a ver tenis de mesa. Después se cambió (la sede) a Tecnópolis, pero el concepto es el mismo. El proyecto original era crear una escuela de tenis de mesa con base social: buscar a chicos de zonas vulnerables que, por ahí, no tendrían acceso al tenis de mesa si no fuera por este proyecto. Entonces, de casualidad, nos escriben de Sport for Tomorrow (iniciativa del gobierno japonés para contribuir internacionalmente en la promoción del deporte hasta 2020). En diciembre del 2015 presentamos un proyecto para conectar Buenos Aires 2018 con Tokio 2020. De ahí surgió “puente olímpico”, una manera de unir las dos ciudades y dejar un legado.
-Es un ida y vuelta…
-Sí. Esto es deporte para el desarrollo; es como un traje de sastre: es a medida, porque tu cuerpo es tal y necesita tal cosa. Y capaz tenemos una idea, pero nos damos cuenta de que no va. Por eso, deporte para el desarrollo es algo diferente, es utilizar el tenis de mesa para generar un cambio social positivo; el tenis de mesa es secundario: lo importante es el objetivo. En el 2009 hicimos un proyecto en Colombia con familias de desplazados. En ese momento, Colombia era el país con más desplazados del mundo (debido al narcotráfico, los paramilitares y la guerrilla). Los desplazados son como los refugiados, pero se movilizan dentro del mismo país. Hicimos un programa con esas familias para que puedan integrarse a la sociedad.
Otro ejemplo: en El Salvador están las maras (pandillas). El problema de ahí es que las familias están desmembradas: hay muchos padres y madres trabajando en Estados Unidos, y los chicos, con suerte, quedan a cargo de los abuelos. Capaz van a la escuela, pero el resto del día están callejeando y los captan las maras. Entonces, ponemos escuelas de tenis de mesa en las zonas más rurales donde hay riesgo de ser reclutados. Primero, estos chicos de 11 o 12 años, si están jugando tenis de mesa, no están en la calle; segundo, tienen un referente, un entrenador y un entrenamiento serio. Así, cada dos semanas se juntan, van a comer, hablan, tienen un modelo.

 

 


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